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miércoles, 26 de enero de 2011PraderaEl aliento condensado en el espacio temperando el rededor de los asientos y el vacío que sumerge nuestros cuerpos inertes en ellos, se estanca en el aire y ahoga paulatinamente a quienes intentan inspirar el pesado flujo de oxígeno hacia sus pulmones. El calor envuelto en el aire, inmóvil, se mantiene dócil ante la supremacía del calor, llamando a que surjan los cuerpos húmedos de sudor, recorriendo con cada gota secretada la ardiente y mareada piel de cada uno de nosotros, cortando los movimientos, desesperando por un poco de aire fresco, de una corriente de aire, clamando por un momento de lucidéz que despierte los sentidos saturados de calor, sudor y... una amenaza de un dolor de cabeza próximo a llegar.Un zumbido de baja frecuencia suena por unos instantes, y el vidrio del auto contiguo a mi asiento baja, creando una ráfaga violenta de corriente aérea, como si el aire estancado dentro del auto hubiera estado igual de ansioso por salir como yo lo estuve por sentir un aliento de frescura sobre mi faz. La velocidad del auto crea un violento flujo de aire que golpea mi cara, desordenando mi cabello sin forma, echando por los aires mi preocupación por el orden de él. Despojándome, lentamente, de mi conciencia en el presente, quedándome nada más que con la sensación de velocidad y frescura. Entra la cabeza. Si mamá, ya la entro. Pero aún dentro me roza la velocidad que entra por mi ventana, como acariciando mi mentón, tentándome a sacar la cabeza otra vez a experimentar la frescura de aquél respiro, o no respiro, estornudo, porque es más bruto. Relajada entonces, dejándome tentar, entra por mis oídos la melodía de una cadena de recuerdos. No conozco la canción de ahora, ni la siguiente ni la que vendrá, pero cada una llama al recuento de mi camino hasta ahora, y es que, ¿cuándo, en qué momento, llegó este pleno sentimiento, que no me deja, ni me incita a la tristeza? ¿cuándo terminó de perseguirme aquella sombra ávida de mi miedo? Sonrío. ¿De qué te acordaste? De nada importante, Julio. Sólo... estoy feliz; encontré el agujero del túnel en que caminaba, y he logrado salir, por el momento, a la pradera que mi retina tanto necesitó divisar para que mi imaginación pudiera descansar de tanto, tanto añorar. Aún con un poco de miedo, y sabiendo que tarde o temprano pasaré por un nuevo túnel sin salida ni agujeros, no me dejo preocupar, y descalza me adentro hacia lo que por puro despecho, no me envalentoné a ver antes. No sirve, ni sirvió jamás crear expectativas altas. No sirve de nada aspirar tan alto. No sirve, jamás, proyectarse en grande. Liderar los rankings más competitivos es tan inútil como conocerlos. Soñar con tu ideal, tu lugar idóneo, y tu persona especial; crear tu mundo de cartón, no es más que un posible síntoma de esquizofrenia. Nada sirve, porque no tiene sentido, si al final, las cosas jamás salen como aspiras, a como quieres, ni en el tiempo que supones. Las cosas solo pasan. No es culpa de ellas, es culpa mía, tuya y de ustedes, que no lo toman como deben, que no saben enfrentarlo, contenerlo ni contarlo... Te das cuenta a fin de cuentas, que eres tú quien decide tomar las cosas como quiera. Te das cuenta, que tus metas no sirven de nada, en efecto, si no disfrutas tu camino hacia él; si no aprecias lo que ya tienes a tu alrededor, ¿por qué aspirar a algo que no, si cuando lo tengas, lo despreciarás como lo haces con lo que posees ya?; ¿por qué querer ser el mejor y liderar al gremio hasta que, en poco tiempo, alguien te robe el puesto, si puedes ser mejor tú cada día, sabiendo que siempre estarás a un paso adelante de lo que fuiste ayer?. ¿Por qué no lo vi antes...? ¿Cuánto durará...? Es verano en la pradera, y el viento sigue raudo y fresco. Por mucho que quisiera, este lugar no podrá dejarme subsistir siempre. En algún momento, por alguna razón, cuando menos lo espere o cuando así lo presienta (¿por qué no?), la pradera se hará desierto, y estaré en busca de un nuevo lugar donde descanse de añorar. En algún momento, he de buscarla otra vez, pero, si una vez pude hacerlo, la segunda vez ha de ser más fácil, ¿no?. En algún momento, pasará, terminará, y no podré hacer nada para evitarlo. Me queda, entonces, tender mi alma en las nubes, ensordecerme con la calma de un bosque cantante, y saturarme del lento fluir de mi imaginación bajo mis párpados. Aún queda tiempo. Es verano... el viento sigue soplando. Las nubes pasean tranquilas sobre el arroyo, los rayos del sol se extienden por sobre un árbol y me regalan un momento de sombra. Una hoja se filtra en mi calma, y mi mano se extiende para poder alcanzarla... Sube la ventana, no querrás que nos asalten. Si mamá. Presiono el botón, abro la puerta, extiendo mis piernas y cierro. ¿Cómo se llamarán las canciones? olvidé ver la frecuencia de radio que sintonizaba en el auto. Karla, apresúrate. Hey, ¿qué es tan gracioso? Todo, Julio. Todo. ![]() Etiquetas: reflexiones, vagaciones
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