jueves, 28 de julio de 2011

Palabras

Se conoce el peso de las palabras. Quiero decir, su importancia o su valor. Su habilidad de concretar y, a su vez, de idear la realidad a extremos radicales, casi opuestos. Se considera, también, como perfeccionamiento del control del peso de las palabras, la aplicación de distintas acepciones de una misma palabra para aplicarla según sea pertinente; o el conocimiento de palabras de menos recurrencia para evitar confusiones por redundancia, o para demostrar mayor desplante ya que la aplicación de éstas requieren una habilidad mayor, por lo que, seguramente, se considera un mayor peso en ellas.
Cuán cultos seríamos. Cuánto control tendríamos. Cuánta codicia produce imaginar el dominio perfecto de las palabras, en especial de las palabras de menos recurrencia: el control total, la gracia insuperable de someter al mundo a la materialización de una idea o una orden.

Y... cuán ilusos son quienes siquiera tienen un pequeño atisbo de la idea. Porque el hombre es un ser absurdo, tanto que crea expresiones nuevas para igualarse a lo demente de este mundo en el que vivimos. Un ser absurdo. Y es que ninguna palabra creada con significado y acepciones finamente seleccionadas, son lo que son, porque es solo quién lo dice, cómo y cuánto lo dice lo que define el valor de cada expresión. ¡Más absurdo aún!, que a pesar de tantas miles de nuevas invenciones, el hombre solo se conmueve con las palabras más usadas, manoseadas, explotadas y simples que suele dominar; el corazón humano es tan absurdamente complejo, tanto, que pocos caen en cuenta, que es el sistema más simple, y delicado de tratar.

Anoche escuché las palabras más simples y conocidas del colectivo general. Pero, también, fueron las palabras más bonitas que he podido escuchar (y no creo que exista, por ahora, cosa más linda que la pura existencia de la expresión de todas ellas).

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domingo, 1 de mayo de 2011

Los colores son más brillantes que ayer

Aún con todo, no puedo evitar, por nada del mundo, ser feliz.
¿Cómo contenerme, si hay tantos cambios por venir?. ¿Cómo evitarlo, si hay tanto sentimiento que fluye sin yo misma preverlo?. ¿Cómo no disfrutarlo, si hace tanto, tanto tiempo que los colores no me parecían tan brillantes?, ¿cómo, si nunca sentí la música tan personal, tan mía, tan tuya, tan de ellos, de todos, tan... real?. Hace mucho que no vivía, no así, no tanto.

Aún con todo, no es todo lo que pedo decir. Me es inevitable, también, porque aún tengo miedo. Miedo de unas cuantas, y otras tantas cosas, que a pesar de todo, siguen ahí, resurgiendo cuando la situación los convoque, como la pesadilla acude al sueño después de un mal día... o no.
Aún tengo miedo de los posibles obstáculos que se me pueden cruzar, o en realidad, miedo de que no se puedan solucionar. Miedo de perder lo que he ganado, y miedo de agotar toda probabilidad de solución. Miedo también, de volver a aquellos viejos malos tiempos...
Aquellos tiempos.

Pero, a saber, que en realidad no hay forma de evitar problemas cuando nunca han llegado a su conclusión. Algún día vuelven a buscar su fin, como reclamando su derecho a desaparecer de entre el camino de quien lo padece. Es cierto, que sería ideal que ya no existiera el supuesto, pero ahora, supongo, que ha llegado en buen momento a exigir su conclusión.
Tal vez no llegue a por mi, pero de llegar, no será tan fácil sumirme en lo que alguna vez me paralizó, por completo, toda yo. Las cosas no son igual que antes. Tengo un mejor suelo en el cual sostenerme, y en caso de caer o desmoronar, si no es posible detener la caída, estoy consciente (porque he ahí la diferencia, el darse cuenta, porque nunca existió la ausencia) que habrá alguien que me ayude a levantar. No quiero depender de ello, pero a porrazos tuve que entenderlo, y es que nadie puede avanzar solo, no del todo.

Es por ello, tal vez, que soy feliz. Ahora, aún con todo; puedo seguir riendo. Mientras pueda, no cesaré.
Los colores están más brillantes que ayer, ¿no parece?

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sábado, 12 de marzo de 2011

Baile de una pluma


Como es de esperar, ningún año es idéntico al anterior. Cosas nuevas, eh?. Sí, muchas. Has de tomarlo con calma, y por supuesto que sí, voy lento, mirando el camino a sus anchas, mirando lo que antes me era vano, o simplemente impertérrito. ¿Sabes? estoy descubriendo cosas que no sabía que tenía. Sorprende, ¿no es así?. Ah, claro que si, toman de improvisto. Y llega a ser interesante el descubrir lo pequeño inmaduro de mi contemporáneo, ¿sabes? y el asumir que he de cambiar unas cuantas, y mantener otras demás. ¿Y hasta dónde piensas llegar? Y pues, digo mirando fijamente a la singularidad que figura en la distancia invisible a mi retina: hasta donde termine el camino, y al llegar, aprender a ir más lejos.
Eso me falta.

Tal cual baile de una pluma previo al contacto a ras del suelo; paso a pasito, y lentamente, al tiempo que disfruto el tiempo...
Llegar más lejos.

Seguir creciendo. Y queriendo.

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miércoles, 26 de enero de 2011

Pradera

El aliento condensado en el espacio temperando el rededor de los asientos y el vacío que sumerge nuestros cuerpos inertes en ellos, se estanca en el aire y ahoga paulatinamente a quienes intentan inspirar el pesado flujo de oxígeno hacia sus pulmones. El calor envuelto en el aire, inmóvil, se mantiene dócil ante la supremacía del calor, llamando a que surjan los cuerpos húmedos de sudor, recorriendo con cada gota secretada la ardiente y mareada piel de cada uno de nosotros, cortando los movimientos, desesperando por un poco de aire fresco, de una corriente de aire, clamando por un momento de lucidéz que despierte los sentidos saturados de calor, sudor y... una amenaza de un dolor de cabeza próximo a llegar.
Un zumbido de baja frecuencia suena por unos instantes, y el vidrio del auto contiguo a mi asiento baja, creando una ráfaga violenta de corriente aérea, como si el aire estancado dentro del auto hubiera estado igual de ansioso por salir como yo lo estuve por sentir un aliento de frescura sobre mi faz. La velocidad del auto crea un violento flujo de aire que golpea mi cara, desordenando mi cabello sin forma, echando por los aires mi preocupación por el orden de él. Despojándome, lentamente, de mi conciencia en el presente, quedándome nada más que con la sensación de velocidad y frescura.

Entra la cabeza.
Si mamá, ya la entro. Pero aún dentro me roza la velocidad que entra por mi ventana, como acariciando mi mentón, tentándome a sacar la cabeza otra vez a experimentar la frescura de aquél respiro, o no respiro, estornudo, porque es más bruto. Relajada entonces, dejándome tentar, entra por mis oídos la melodía de una cadena de recuerdos. No conozco la canción de ahora, ni la siguiente ni la que vendrá, pero cada una llama al recuento de mi camino hasta ahora, y es que, ¿cuándo, en qué momento, llegó este pleno sentimiento, que no me deja, ni me incita a la tristeza? ¿cuándo terminó de perseguirme aquella sombra ávida de mi miedo? Sonrío.
¿De qué te acordaste?
De nada importante, Julio. Sólo... estoy feliz; encontré el agujero del túnel en que caminaba, y he logrado salir, por el momento, a la pradera que mi retina tanto necesitó divisar para que mi imaginación pudiera descansar de tanto, tanto añorar. Aún con un poco de miedo, y sabiendo que tarde o temprano pasaré por un nuevo túnel sin salida ni agujeros, no me dejo preocupar, y descalza me adentro hacia lo que por puro despecho, no me envalentoné a ver antes.

No sirve, ni sirvió jamás crear expectativas altas. No sirve de nada aspirar tan alto. No sirve, jamás, proyectarse en grande. Liderar los rankings más competitivos es tan inútil como conocerlos. Soñar con tu ideal, tu lugar idóneo, y tu persona especial; crear tu mundo de cartón, no es más que un posible síntoma de esquizofrenia. Nada sirve, porque no tiene sentido, si al final, las cosas jamás salen como aspiras, a como quieres, ni en el tiempo que supones. Las cosas solo pasan. No es culpa de ellas, es culpa mía, tuya y de ustedes, que no lo toman como deben, que no saben enfrentarlo, contenerlo ni contarlo... Te das cuenta a fin de cuentas, que eres tú quien decide tomar las cosas como quiera. Te das cuenta, que tus metas no sirven de nada, en efecto, si no disfrutas tu camino hacia él; si no aprecias lo que ya tienes a tu alrededor, ¿por qué aspirar a algo que no, si cuando lo tengas, lo despreciarás como lo haces con lo que posees ya?; ¿por qué querer ser el mejor y liderar al gremio hasta que, en poco tiempo, alguien te robe el puesto, si puedes ser mejor tú cada día, sabiendo que siempre estarás a un paso adelante de lo que fuiste ayer?. ¿Por qué no lo vi antes...?

¿Cuánto durará...?

Es verano en la pradera, y el viento sigue raudo y fresco. Por mucho que quisiera, este lugar no podrá dejarme subsistir siempre. En algún momento, por alguna razón, cuando menos lo espere o cuando así lo presienta (¿por qué no?), la pradera se hará desierto, y estaré en busca de un nuevo lugar donde descanse de añorar. En algún momento, he de buscarla otra vez, pero, si una vez pude hacerlo, la segunda vez ha de ser más fácil, ¿no?. En algún momento, pasará, terminará, y no podré hacer nada para evitarlo. Me queda, entonces, tender mi alma en las nubes, ensordecerme con la calma de un bosque cantante, y saturarme del lento fluir de mi imaginación bajo mis párpados. Aún queda tiempo. Es verano... el viento sigue soplando. Las nubes pasean tranquilas sobre el arroyo, los rayos del sol se extienden por sobre un árbol y me regalan un momento de sombra. Una hoja se filtra en mi calma, y mi mano se extiende para poder alcanzarla...

Sube la ventana, no querrás que nos asalten.
Si mamá. Presiono el botón, abro la puerta, extiendo mis piernas y cierro. ¿Cómo se llamarán las canciones? olvidé ver la frecuencia de radio que sintonizaba en el auto. Karla, apresúrate.
Hey, ¿qué es tan gracioso?
Todo, Julio. Todo.




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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ángeles

Un temblor se desató en mi boca, y mi mandíbula empezó a vibrar. El aire se tornaba denso, tal vez por efecto del calor, o por el aire estancado en la sala de clases, o por la débil reberveración que producían los lápices al frotar la mesa en el que se apoyaban. El viscoso y pesado flujo de aire pasando por entre mi nariz se rehusaba a avanzar por entre mis pulmones, y ralentizaba mis movimientos, como si de a poco la vida se me escapara por entre mis poros. Ah, la cabeza se estaba quedando pequeña para un cerebro que necesitaba aire para relajarse, que necesitaba salir de aquél sofocante cráneo, y golpeaba desde dentro, desde el hueco del hueso, pasando por las meninges, y por el líquido cefaloraquídeo. Retumbaba, retumbaba, retumbaba, retumbaba... los pensamientos se desvanecían, hasta que mi cuerpo quedó vacío de toda voluntad, y se convirtió en un bulto que ocupaba un asiento más en aquella aula.
No importa como, pero papá me llevó a casa, y sin palabra, caí a la cama. Ah, no quería hablar, no quería decir qué sentía, qué tan mal estaba, o qué tan bien, para no preocupar a mi familia. No entenderían... y no pararían hasta entender, así que, callé.
Hey, ¿quién abrió la puerta? hey, ¿qué hace mi perra en la habitación? ah, pequeña curiosa... ¿por qué me miras así? tus ojos profundos no se me van de encima. ¿Por qué subiste a la cama, si no te llamé? ¿por qué me lames, si no tengo comida en mi mano para darte? ¿y por qué te quedas a mi lado, si no te lo estoy ordenando? ...
Aveces, quienes menos piensas, pueden entenderte, sin palabra alguna y sin mediadores explícitos... solo una pequeña voluntad, y un montón de cariño de por medio. Como un pequeño ángel de la guarda lo haría contigo.


Ah, por alguna razón que desconozco, tengo cierta atracción a ciertos temas que se escapan de mi entendimiento.

Me atraen cosas que, en un plano y vista fría, son inalcanzables. No es por ser pesimista, de hecho, es en vista de una realidad del todo objetiva. Inalcanzable. Tanto así que no vasta con apoyar mi peso en la punta de mis pies y extender mi mano hacia las nubes, ni tampoco ir hacia la colina más alta y dar saltos ávidamente. Me pregunto, por qué y cuándo empecé a encapricharme con ellos. Tal vez sea esa anhelante curiosidad afín que me involucra de tal al tema, la que formó en mi aquél interés. Tal vez.
Aquella incertidumbre existe, tal vez hace un par de años, o desde siempre, aunque no a plena conciencia, sino, más bien, como un hecho instintivo; algo innato.
Ah, tan innato como cuando alzaba la vista, y mantenía los ojos abiertos, esperando siempre a que de entre aquél mar de ráfagas multicolor apareciera lo que tanto esperaba. Dejaba que mi retina absorviera todo el panorama, como un animal devora ávidamente a su presa. Me dejaba acariciar por aquellas extensiones de luz que no daban cabida a la prudencia, y me rodeaban de ellas, ingresaban por cualquier recoveco, por cualquier apertura, y por mi pupila. Dejaba nadar la energía por entre mis ojos, dejándola morir en mi retina, mientras su fin coloreaba mi imaginación color ventana, dejándome la mente abierta de par en par, para abastecerme de lo que ahora saturaba mi todo.
El cielo también se reflejaba sobre mi córnea, y creaba un espejo entre el cielo y mi faz... en algún momento, tal vez, se aparecían a observar su reflejo.

Aún ahora suelo pensarlo, y de hecho, me he sorprendido mirando al cielo más de una vez con el mismo anhelo. Pero no todo es como antes. Las cosas cambian, aunque no lo quiera así.
Y está bien, lo acepto.
Está bien, porque ya no existe gran magnitud en mis deseos. Pero, no ha sido por haber dejado de creer... por supuesto que no.

Ellos, lo que he querido alcanzar, lo que he querido aseverar, lo que me hace imaginar el cómo se sentirá ser protegido por un suave conjunto emplumado, y el que me hace cuestionar si la brisa no es acaso alguno de ellos pasando a mi lado. Los ángeles.
Para mi no solo son entidades del cielo que mantienen vivo el recuerdo de Dios. Más que eso, no solo de Él, sino que fortalecen la pequeña existencia de cada persona como tal, independientemente de su inclinación cultural o religiosa. Y, tampoco son, necesariamente, seres alados, con aureola en sus cabezas y arpa o trompeta en mano, creo que van más allá de las formas, son seres abstractos, son colores, son sonidos, son invisibles, sensibles... Ah, son más que eso...
He dejado que mi deseo por encontrarlos disminuya, y es porque entendí que no todos pueden verlos, y que estos, a su vez, tampoco se dejan ver. Son astutos, y no dejaran descuido alguno. Pero, ¿qué sería de nosotros, si no tenemos de quien apoyarnos, a quién ver para saber que todo está bien? No se dejarán ver como tal, y no creo que lo hagan en esta vida. En cambio, adquieren formas distintas, formas en las que pueden intervenir e interactuar con nosotros sin la necesidad de alterar nuestra cotidianidad, ni nuestra convicción de la realidad. Ellos, y estoy segura, están en todos aquellos detalles, en todo lo que, de alguna manera, nos saca una sonrisa de los labios que permanecían cerrados por efecto de la rutina.
Aquella polilla que se posó en mi bolso camino al supermercado, aquél árbol que permanecía paciente a que apareciera alguien para poder brindarle su sombra en medio del calor de la primavera, aquella flor que saludaba al son del viento el ultimo día de clases, o aquella canción que escuchaste el día más gris de la semana y coloreó todo tu paisaje, o el perro que te siguió todo el camino hasta que llegaste a destino, y... aquélla persona en medio de la calle que hizo un gesto gracioso, o te ayudó a levantarte sin reírse cuando te caíste, o quien te dio el asiento cuando estabas a duras penas de pie.
Ah, pero nunca nos damos cuenta, ni nos convencemos de ello. Detalles, pequeños y tan vanales, no pueden ser entendidos por todos. Ni yo los entiendo en su momento. Nadie, en verdad, los entiende a cavalidad. Ni entiendo, a decir verdad, que los ángeles están más cerca que un simple detalle. Eh, ¿pero cómo es que no es sino hasta ahora que me doy cuenta? Es por eso que mi búsqueda ya no se vuelve impaciente, ya no es una incertidumbre, porque tengo mi anhelo conmigo.

Una vez, un pequeño girasol me regaló un libro, en el que mencionaba (y no entendía del todo, hasta hace un par de años nada más) que los amigos son ángeles que han venido a por nosotros.
Y, es que... no hay nada más cierto. Solo ellos pueden entender lo que ni tu mismo haces, y solo ellos pueden levantarte de una caída a la que te rehusas levantar (y si, considero a mi perra como amiga, por cierto).

Las cosas no van a cambiar por ello, por darme cuenta. Pero, si es cierto que aquellos vacíos que toda persona tiene, parecen más pequeños que antes.

No es nada que cambiará el mundo, pero...
He encontrado otro motivo para sonreír~


PD: Sientase libre, cualquiera de quienes lean la entrada y lo sepan, sepan que están ahí, de considerar que mis palabras son para ellos

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Como 100 años subjetivos

Puede parecer algo extraño a comparación de otras opiniones provenientes de mis pares, pero, al menos para mi, han sido los cuatro años más largos y consientes que he tenido, hasta la fecha.

Es ahora cuando me doy cuenta que las frases célebres y libros de autoayuda no mienten al mencionar la subjetividad del tiempo. No es mentira que la Tierra se traslada y rota de la misma forma y a la misma velocidad para todos, que cada habitante del suelo terrestre está sometido al ritmo que imponga el planeta, y tampoco es mentira que, aún así, en todas las ventanas por donde se mira, se logra ver un cielo distinto.
He de admitir que pareciera que fue ayer cuando ingresé a cuarto medio, y hoy ya soy ex-alumna del grado. No así si lo pienso desde la perspectiva de los cursos inferiores; me parecen tan remotos, que hasta puedo sentir que me he ganado sus buenas arrugas en la frente por el tiempo que se ha sobrecargado en mi subjetividad. Han pasado 100 años desde que me cambié de colegio de barrio, anónimo y aislado, a uno urbano, emblemático y público, masivo. En aquel tiempo el cielo seguía azul, y las nubes blancas, pero mi verdadera persona no existía entonces, ni tampoco existía esa extensión polarizada en mi mente; no, mi parte 'depresiva' no existía. 100 años tuve de caídas, de caídas a la fria y áspera acera, caídas donde aterrizas con toda la boca, con todos los dientes, con toda la lengua apretada entre la quijada y la garganta, con todo el peso de tu cuerpo sobre un par de piezas de calcio que rasguñan el suelo esperando a que el rose las detenga; 100 años en que, seguramente, hubiera seguido desfigurando mi rostro, si...

Si no fuera por esos 100 años de arrepentimiento, si no fuera por tanto tiempo perdido... estoy segura, que no tendría nada de lo que tengo ahora, ni lo valoraría tanto como lo hago ahora. Si no fuera porque los necesitaba, no hubieran habido abrazos, no hubieran habido hombros, ni pañuelos, ni lágrimas compartidas, ni mejillas arreboladas, ni risas contenidas, ni desesperación por alguien... ni desesperación por querer a alguien, por quererme a mi.
En 100 años, se me han ido las fuerzas, el aliento y la vida, y a cambio, han llegado todos quienes me dieron de lo suyo para hacerlo mio, han llegado todos y cada uno de los que, hoy, tienen un pedazo de mis recuerdos y todo mi corazón.
Por ese panda que, a pesar de que yo si lo hice, él nunca me abandonó. Por ese girasol que, a pesar de la sombra, siempre miro hacia el sol. Por ese gato y ese perro, que nunca se olvidaron de mi. Por una Mani, y una Karina, por una Danyhia y una Rosa, una Mary y una Pame, por una Bianquita, por una Naty y una Silvana, por un Joaquín, por un Claudio, por un Leo, un Rodrigo y un Fernando, por un Carlitos, por el señor farmacéutico, por los amigos de los amigos, por las polillas en el salón de clases, por los chicos de los autobuses que te suben el autoestima, por el cielo azul y las nubes esponjosas, por los colores bonitos y los efectos en photoshop, por la música clásica y el metal progresivo, por el verde y el azul, por las películas mamonas, por los fines de semana de películas con mamá, por los juegos de playstation con mi hermano, por los abrazos al Sebastian, por las travesuras de mi perra, y por toda mi familia.
¿Qué sería de todo eso, de todo eso y más, si no fuera porque, esos 100 años, fueron cronológicamene 3? ¿si no fuera porque se me acabó la vida, quiénes hubieran llegado a mi para dármela otra vez? o no, no para darmela, para enseñarme a como recuperarla.


Los limites de los años también se disuelven con el hoy, pero no se entremezclan con el ahora, ya no se presenta el pasado en la contemporánea era, ni el futuro en mis memorias. Ahora, me cuesta entrever el inicio del curso normal del día en mi ventana. ¿Cuándo fue que el cielo se volvió tan azul, tan fresco, tan desigual, tan mentira, tan perfecto?

Alguien dijo alguna vez, que el tiempo es subjetivo.
No lo niego, si lo es. Pero, dentro de toda subjetividad, hay algo de realidad. Y la realidad es que, estoy enormemente agradecida de lo que he ganado de toda esa experiencia, de toda esa experiencia que no gana una persona normal a mi edad. Estoy agradecida de conocer a la gente que conozco, de reestablecer comunicación con mi familia, de ustedes, mis (pocos, pero fieles) lectores, porque me encanta saber que siempre habrá alguien para escucharme/leerme.


En estos cuatro años de enseñanza media, de 3 años locos y uno de cordura, se me ha pasado toda una vida intentando entender lo que aún no comprendo bien, pero de lo que, por lo menos, ya tengo nociones. Supongo que... crecí otro poco.

Gracias por todo aquello vivido, vida; tenme mas adelante a más personas a quien conocer, y mas cosas que vivir, porque hay muchas cosas que quiero saber, y cosas que he de hacer... ¿me darías, más adelante, 100 años para vivir todo lo que me tienes preparado?

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martes, 19 de octubre de 2010

Quiero querer.

No. No escribí sino hasta ahora. Ni una sola palabra.

¿Saben por qué?
Porque espero hasta poder escribir algo que haya surgido de una experiencia agradable, pero fresca. Algo así, como un pintor corta la flor más perfecta dentro de su propia imperfección, la cual sólo le sirve mientras ésta esté fresca; pero, ¿de qué sirve cortarla y utilizarla sin su previa observación? el pintor se colma de su flor: la imagina, la huele, la palpa con sus húmedas yemas de los dedos, queda absorto en su propio mundo, en su propia flor que ahora es su cosmos, y por un instante, casi su razón de existir. La devora. Luego de su éxtasis, entonces, el pintor da cuenta que la putrefacción de la flor es completa, la muerte de cada tejido que recubre la superficie e interiores de la pequeña planta, no traerán más que irritaciones nasales junto a un agua de florero de efecto cáustico.
No es que transforme una buena experiencia en un arma odorífera. En serio. Solo que suelo sobre-gastar aquellas sensaciones, saturándome con ellas impidiéndome luego explayarme libremente , porque no las siento igual.


Dirán, '¿no es mejor guardar aquellas sensaciones que derrocharlas tan negligentemente?'. Tienen razón.
Pero yo no lo hago, o planeo no hacerlo. La autolimitación termina limitando tus andares hacia el único futuro previsible; la muerte.
Soy una aglutinación de átomos de tiempo cronológicamente semejante a una trillonésima de segundo respecto a toda la vida planetaria de la Tierra, y por supuesto, no tengo nada de experiencia. Lamentablemente, cuando los pequeños muy pequeños quieren jugar a ser grandes mediante el auto-engaño, entonces, tu tiempo cronológico de vida no corresponde a tu propio paradigma del tiempo; has visto lo que otros no verán a tal edad. En esas situaciones, si sales del meollo del asunto, te das cuenta de lo patético que es limitar tu propio goce a costa de uno futuro, que de hecho, es meramente hipotético, porque nadie ni nada te lo garantiza. Prefiero embriagarme, si puedo hacerlo, de la experiencia más fútil que exprese en mi, aunque sea, un pequeño haz de felicidad.
Estúpidamente me cuesta mucho poner en práctica lo que yo misma aprendí, hace ya tiempo, por las malas. Las personas somos necias. Yo en especial. Pero estoy dispuesta a seguir adquiriendo entendimiento, y lograr un comportamiento espontáneo que me haga sentir digna de mi misma.
Hace un par de meses, he estado riéndome más seguido. He adquirido mayor desplante social. Me he sentido más... ¿linda? siempre tendré mi complejo con eso, pero de a poco mi propio autoestima está re-abasteciendo de lo que alguna vez nunca le hacía falta.

El pelo se me está volviendo a caer.
Me conozco lo suficiente como para saber que he de dudar de mi misma. Y es que aún me falta. Quiero tener más ganas de reír, quiero tener más ganas de abrazar, quiero tener más ganas de ver más allá de lo superficial; en definitiva, quiero ser más humana. Quiero dejar de envidiar lo que tienen mis iguales adyacentes, porque lo tengo todo y no me hace falta nada. Quiero escribir sobre temas alegres, quiero aplicar todo lo que pienso en mis hechos, pero me hace falta tanto aún... supongo que es por eso que los humanos vivimos tanto. Quiero seguir queriendo. Quiero estar ávida de deseos. Quiero querer más a mis amigos. Quiero querer más a mi familia. Quiero saber más cosas. Quiero alguien a quién abrazar... y quiero un novio. Si, abiertamente digo que, a mis 17 años vividos de exclusiva soltería sin entre tiempos que exceptuar, quiero tener un novio.
Quiero...
Quiero dormir. Quiero sacarme buenas notas en mi último año de colegio, así que he de irme a acostar.
Quiero que sigan leyendo, los que leen, porque gracias a ustedes sé que siempre hay alguien dispuesto a conocer el pequeño espacio que reside en el espejo interior de una pequeña adolescente, y porque, además, sin ese empujoncito de insistencia, este lugar ya habría muerto.




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martes, 20 de julio de 2010

Cambios

El día se asomó por la rivera del horizonte que nacía desde detrás del planeta, cohibido, vacilante. Dicen que el día no existía. Nadie lo cuestionó alguna vez, era asunto inserto en la laguna de la duda. El día deslizaba sus anchuras por la redondés de la esfera, lentamente estiraba sus extremos de luminiscencia por un espacio que desconocía; que lo desconocía. Dicen que el día no existía, hasta que la noche replegó junto a sus ya durmientes luciérnagas, y cedió lugar a la existencia de un cambio.

Me hace falta un sol para hacer existir un día. Me hace falta el medio, la razón y el impulso para dar la retirada de la noche y dar cavida a la extensión del día y del azul del aire.




No es del todo difícil pensar que las cosas son perecederas. Ni la más perfecta flor logra serlo por siempre.
Vemos a diario como pasan los días y cambian estos a su vez; la nube de ayer bajó a llorar la colina, el gorrión de alitas cortas destruyó la soledad de una compañera que se alimentaba de sus cantos, el camión de gas licuado tiene nuevos servicios para los clientes para pagar sus cuentas y gastos mensuales, el vecino pansón del frente estrenó su nuevo abrigo, mi madre sumó el domingo 365 días más a la vida que ya lleva sobre sus espaldas, y el día se asomó por la ventana.

Las cosas cambian, y no siempre nos percatamos de ello hasta ya muy expandido este.
No solo las cosas, los seres -los que y quienes- también lo hacen.
No me excluyo.
Yo también cambio.

Mi comida favorita era el puré con carne. Era, porque un día me di cuenta que odiaba las papas -ok, odiar suena feo; cambienlo por 'no gustar' o algo que implique malestar de la lengua cuando se consume-.
Mi música favorita eran canciones romántica-mamonas-cebolleras sin sentido para una mente infante en ese entonces. Ahora y sin querer me inclino por sonidos más toscos -o tarreros si quieren- y bastante más consiente del mensaje de la canción.

Son cosas bastantes nimias y carentes de importancia, pero que en conjunto, estas desencadenan un gran cambio, tipo retroalimentación positiva, en la vida de cada quien.

¿No se han preguntado el por qué cambian las cosas?
Ahora que miro atrás, el camino deja al descubierto alguna de mis huellas y otras junto a las mías; algunos caminos recorridos y otros ignorados; algunas puertas abiertas, otras cerradas, a medio destrozar y otras a medio romper; un miedo que pensé había olvidado recordó el camino de vuelta al juego, pero no tiene la llave para entrar, viene pisándome los talones y un valor que corre más rápido que yo me tira de la blusa hacia adelante a duras penas, sin esperar a que pueda seguirle el ritmo; y todo eso, es tanto, tanto que, aveces, me da miedo.

Quiero saber el por qué cambió mi comida favorita, y por qué no me gustan del todo las canciones romántica-mamonas-cebolleras.
Quiero saber por qué me encantaba dormir en mi habitación sola, y ahora siento la extraña necesidad de compartir el sueño con alguien, dándome cuenta cuando necesité dormir con una tropa de peluches en mis sábanas.
Quiero saber por qué veo cosas que antes no, como el arcoiris camuflado que despierta en el ocaso de todos los días.
Quiero saber por qué un día de diablos se convierte en el día que conoces a tus verdaderos amigos, y te encantas con eso.
Quiero saber el por qué hay momentos buenos, que se tornan momentos inolvidables.
Quiero saber el por qué hay cambios para mal.


Siendo pequeños tenemos todos buenas intenciones, pero al tiempo le otorgamos la facilidad de dejarnos al descubierto pedazos de nosotros que se pudren dentro, y nos volvemos irritables, amargados... acercándonos a la maduréz, como 'todo un adulto'.
Como el por qué de decir lo justo y necesario, llego y dejo salir sin querer lo que pienso, sin ningún escrúpulo ni conciencia de a quién le hablo y cómo lo hablo. Cuando hablo con mamá, por ejemplo, y digo cosas que no debería o me malinterpreta.
O el por qué de que me gustara ir al colegio, se me generara poco menos un trauma por asistir a mi actual liceo.
El por qué cuando estoy con un desconocido tengo paciencia de santo con complejo de psicólogo, y cuando estoy con alguien familiar me sale mi lado SuperSaiyajin en 2 minutos.
O por qué luego de encontrar, después de mucho, un pasatiempo que me alimentara el entusiasmo tuve que decidir lo que sabía incorrecto, y dejar a causa de ello lo que recién descubría como nueva fuente de entusiasmo.
Quiero saber por qué de pequeños somos humildes, y al tiempo, algunos nos tornamos orgullosos, pedantes.
Y... otros asuntos.

Si, no todos son así. Quiero ser parte de esa gente que mantiene intacta su serenidad de niño, su necesidad de curiosear, que sabe callar y hablar, que tiene paciencia y confía. No quiero parecerme a nadie, no quiero escuchar que mis cambios me llevan a 'ser igual que tu padre' o que me lleven a verme como 'la mamá que no eres' o como 'una anciana margada'...
No quiero darme cuenta de los cambios. Quiero yo generar mis propios cambios para evitar que otras variables me sigan pudriendo lo infante que conservo aún. Quiero cambiar lo que me ennegrece. Quiero saber cómo lograrlo, porque tales cambios no siempre son posibles por uno mismo.
Me hace falta un sol para hacer existir un día. Me hace falta el medio, la razón y el impulso para dar la retirada de la noche y dar cavida a la extensión del día y del azul del aire.

Quiero saber cuál es mi sol.


Me haces falta tú, sol, para saber por qué necesito compartir lo que antes disfrutaba a solas. Me haces falta, para crear mi día, mi cambio para bien.

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domingo, 13 de junio de 2010

No me gusta que me adelanten las historias de los libros -y otros-.

-Están todos muertos -dijo.
- ¿Ah?
- Pues, eso. Todos están muertos.
- Pero... ¡Mary! -le grité, seguramente con el ceño fruncido y los labios contraídos, mientras hacía ademán de darle un zape se me escapaba una risa de entre los dientes.

En el momento se me hizo inevitable reírme, y cómo no, si la maldita ironía es cruel, tanto que tiendes a reírte de la misma acidez que podría tener la situación si hubiera sido planteada "en mala". Sí, me reí. Pero estaba consiente de que todos los cuestionamientos hechos, todas esas imágenes que pasan como el rollo de una película por el proyector de mi retina y todas las piezas que había reunido a lo largo de las páginas del susodicho libro, ya dejaron de ser un desconocido. El misterio esta resuelto en su generalidad. Se habrá mitigado, entonces, la sorpresa e impacto de la historia que debiera causa en el lector; con ello, se repliega la curiosidad.
No es la curiosidad lo que siento perder, más bien, es el no poder experimentar el insólito instante en que se me da a conocer el trasfondo de la historia; quiero decir, es el no poder recorrer el sendero hasta el final. Me han arrastrado por un atajo.

¿No se supone que lo importante no es el resultado, sino el cómo llegas a él? Pues bien, es lo que intento decir.
Y puede que exagere.
Creo.
Creo que, ocacionalmente, voy por el camino lateral al que encaminaba en un principio para estimular el predominio de cierto resultado, y luego, como si nada, retorno al camino de en principio a esperar a que aparezca lo que hace un momento incité a que se cruzara por el susodicho camino. En palabras más simples, creo que, me hago trampas. O las hacía. Y es frustrante.
Nunca logré nada de ello. Nunca alcancé a vislumbrar lo que en mi camino crucé, o si lo hice, pasó sin que pudiera reconocerlo. Porque sabía que iba a estar allí, porque me adelanté a los hechos; perdí la noción de sorpresa que pudo causarme el hecho si no hubiera influenciado sobre él con anticipación. De lejos, desde aquí, valoro y considero esas cosas pocas, pero importantes, al fin y al cabo. El problema, es que durante mi caminar, no logro distinguirlas a mi lado, como si pasaran desapercibidas a propósito, como burlándose, o queriendo darme una lección.

Llega un momento en el que siento que sé demasiado. Nada me parece sorpresa, todo está previsto, y no cruza por mi mente otra interrogante que el por qué, a pesar de eso, no he vivido nada. No he visto nada.

Me perdí el camino que encontré. Me perdí el momento de aprender a valorar la sorpresa, lo insólito y los imprevistos, todo, antes del resultado.


Creo exagerar. Por puro capricho. Por desquitarme, y hacer lo que debería.
Creo, que debería parar de creer.


Entonces, ella dejó de creer.
Miró el camino a medio andar, y caminó.



Entonces, tomé mi libro a medio leer, y leí.



Vida, dejé de evitarte. Vida, dejé de saber.
Vida... sorpréndeme.

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written : 23:05


domingo, 24 de enero de 2010

Esperar

No tenía ganas de actualizar.
Pero más vale tarde que nunca, traigo cosas nuevas para estrenar un año nuevo.

Para los pocos entes que se dan la flojera de visitar este lugar, no es necesario indicar dónde está la novedad. No, no es que sea LA novedad, es solo un cambio que consideré necesario.
De todas formas, para quienes vienen seguido y quienes no, les presento el nuevo encabezado de mi blog ;) Sí, guatié con el avatar, pero qué más da. También he colocado música nueva, para quien quiera oírla.

En fin.
¿Balance del 2009? Es extraño en mi considerar un año "malo". Esta no fue una de esas veces, pero han habido mejores.

Y, ¿para este año? Quién sabe. Cuando era pequeña solía asimilar muy rápido el hecho de comenzar una nueva traslación alrededor del sol, pero ahora ese cambio se me es nimio. Finalmente, es un año más, y solo eso.
Por supuesto, siempre espero lo mejor de los nuevos comienzos. Espero que este año esté apestado, atestado, englomerado y colmado de pura alegría, salud y cariño. Espero levantarme con la frente en alto después de cada caída, y espero conocer lo que me toque conocer.

Detesto el hecho de que catástrofes ya estén ocurriendo a tan temprana partida del año. Por supuesto, espero con lo todo y poco que soy, que los afectados de Haití logren salir adelante, y que ninguna otra catástrofe sacuda a cualquier lugar de nuestro pequeño planeta.

Espero ver árboles, espero ver colores, espero sentir brisas, y espero dar abrazos. Espero no hacer nada en vano, espero estar con mis amigos, espero encaminarme, espero un 99% de trabajo y 1% de habilidad e imaginación, espero estar con quienes me necesiten, y espero vivir otra vez.


Entonces... ¿qué estoy esperando?

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written : 0:09


miércoles, 11 de noviembre de 2009

Esa minoría

"Piensa en los demás".
"No seas egoísta"
"Ponte en su lugar"

Ya no es raro escuchar palabras similares. Todas apuntan al trato de tí para con los demás.
Las librerías, medios de comunicación de masa, terapeutas y demás; todos los lugares están fétidas de estas expresiones. Y es porque la mayoría de la gente no lo pone en práctica. Son particularmente egoístas.
Pero no, no vengo a joderos la vida de sermones con "Hey! no seas egoísta", al menos, hoy no.
Mayoritariamente, la gente posee una alta valoración de su persona; es algo que mantienen o acrecentan desde que nacen, lo que facilita la relación de afecto para con los demás, pero, también los hace propensos al orgullo, a la vanidad y demás.

¿Y qué pasa con la minoría del vulgo?
Esa minoría que pocas veces es percibida, que pocas veces es aconsejada, que pocas veces se alguien hace el esfuerzo de conocer. Esos pocos que no encajan en los muchos, esa minoría que no es capáz de arrastrarse sediento de descanso frente a cualquiera.

¿Qué le dices a alguien que no se sobrevalora?, ¿que no es propensa al orgullo ni a la vanidad?, ¿qué le dices a alguien que, simplemente, no se quiere?
Nadie se da cuenta. Hay gritos desesperados implorando ayuda, implorando un suspiro, suspiro que no puede salir, porque no quiere ser escuchado. El suspiro le teme a la interrogante ajena, al qué dirán, y a la carga que ejerce sobre los oídos en los que resuena. Por eso el suspiro se queda en los pulmones, esperando salir. Día tras día, los suspiros se acumulan, y no paran de proliferar; necesitan salir, como la mariposa dentro de su capullo.
¿Es que acaso, esa pequeña mariposa, no sabe que puede morir si no se decide a salir?

Pero la testarudéz es mayor, ¿verdad?
Esa minoría piensa que no merece ayuda ni la preocupación ajena; por eso sonríe. Aunque los músculos faciales estén tensos, muertos, en post morti, son forzados para esbozar una sonrisa con el motivo equivocado y se vuelven inapreciables, opacas. El esfuerzo es en vano.
La gente muta en motas grises que intentan eliminar los suspiros que no pueden salir.
Son motas grises aferradas a la idea de rechazar cualquier ayuda y tienen la certesa de que no la merecen; que solucionan sus problemas con su pellejo al descubierto para aprender a recibir los golpes, que, extraña y estúpidamente, nunca son suficientes.

¿Por qué son tan desdichados?, ¿por qué no hay alguien que intenta ayudarlos, a pesar de todo?
Pueden aparentar lo que quieran y negarlo mil veces, pero toda esa minoría espera vehementemente ser ayudada. Espera con todo ahínco una pequeña muestra de cariño que las saque de su patética soledad autoimpuesta.
Pobre, pobre, pobre...
¿Hasta qué punto puede llegar el patetismo?
Nadie puede querer a alguien (con todo el sentido de la palabra) si ese alguien no se quiere a sí mismo. Autocompadecerse no sirve. Llorar sobre la leche derramada tampoco, pensar en tu inutilidad, mucho menos. Las personas quieren porque han visto lo que uno no puede ver con sus propios ojos sobre sí mismo, y comprenderlo requiere más de lo que se estima; no tiene sentido ser la víctima del mundo o lo más desdichado de la humanidad, siempre se vale más de lo que se piensa.
Todos tienen derecho a vivir su vida, y es genial que la minoría esté al ciento diez por ciento empeñada en apoyar a los demás. Pero nunca hay que olvidar que todos tienen ese mismo derecho: los que creen merecerlo y los que no.

Si alguien pertenece a esa minoría, a esa inmersión en la soledad e incomprensión misma, le recuerdo, que uno nunca está completamente solo. Hay cosas que no se entienden si no se dicen, y hay problemas que no se solucionan con la fuerza de una sola persona.
No hay que ser como los demás, tampoco hay que ser aceptado por los demás. Hay que conocer, hay que compartir, hay que pelear y llorar, y en este esto, agregar a tu vida la persona que te faltaba para solucionar aquél problema, y tal vez esta misma sea la que logre devolver los colores al horizonte en sepia que tenías a la vista.


Yo también quiero ayudar, falta que alguien quiera una mano.

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sábado, 4 de julio de 2009

"Él"


Él no podía ver, tampoco oír, tampoco respirar.
Él no podía ver; el crepúsculo era lo mismo que el medio día, la noche igual a un día martes a las cinco de la tarde, el azul del cielo igual a una roca, y las figuras de su alrededor no eran diferentes de su propia sombra.

Él no podía oír; la risa de una bicicleta oxidada era idéntica al susurro de una baja brisa, el tímido canto de un gorrión explotaba igual que el motor de un auto viejo que intenta arrancar, y el caminar de un perro era igual al vuelo del avión que pasaba una vez cada 2 semanas y media.

Él no podía respirar; el aire le sabía en extremo inodoro, el dulce aroma de un ciruelo irritaba tanto como el ácido de una menta, la arena emitía olor de la misma forma que las ruedas de goma de un automóvil, y el aroma de las frituras y comidas chatarra que vendían en la esquina de "Valle Clara" los fines de semana le arañaban de igual forma que lo hacían las pequeñas gotas de rocío que aparecían por las mañanas algo más cálidas.

Él no podía ver, tampoco oír, tampoco respirar.
Él pudo sentir el ser insensible, y le agobiaba, y no podía hacer nada, no debía hacer nada; no podía irse, tampoco desaparecer, porque él debía estar ahí, él quería permanecer ahí, y se quedaba.

Un día, aparecieron agujeros frente a su ceguera, se trizó su sordera y se rasgó su asfixia.
La lluvia empezó a caer delicadamente, limpiando la mugrienta atmósfera que lo rodeaba, aprovechando de arañar su corteza y arrancar esas impurezas por tanto tiempo alojadas ahí; quebrando su dolorosa insensibilidad.

Ahora sólo veía el nublado cielo condensándose en lluvia, oía las vehementes gotas romperse al tropesar con el suelo, y sentía la extraña humedad que había en el aire.

El dulce tronar de un pequeño pajarito que se hospedó entre sus brazos para no mojarse le avisaba que había terminado la lluvia.
Era sábado por la mañana, y el clima era agradable. Los niños salían a pasear con sus mascotas y amigos, y siempre pasaban donde él a hacerle compañía.
Él era agradecido, limpiaba su respiración y compartía su sombra, los necesitaba a ellos y ellos a él, porque él los cuidaba; eso es lo que hace un árbol.

Y le encanta.
A pesar de la dolorosa, escalofriante, dura, amargante y despellejante insensibilidad; a pesar de todo...
A él, estando contigo, le encanta.

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written : 21:36


miércoles, 18 de febrero de 2009

Marcha Turca


"Un cíclico rondal que puede ser interminable. Empieza y vuelve a empezar, volviendose un círculo al que se le busca un final distinto para acabar"

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written : 1:28


miércoles, 4 de febrero de 2009

buscando



Estaba empezando a obscurecer, y como último recurso, aún sabiendo que era caso perdido, me senté en la silla del computador. Jugueteé un momento con el puntero, aún indecisa si jugar a RO -aunque solo sea para matar porings-, entrar a Internet -donde no tenía página que ver ni nada que buscar-, conectarme a MSN -sabiendo que no había nadie porque había cerrado seción hace 5 minutos antes de sentarme- o descargar música -aunque no necesite musica nueva- en Ares. Tardé cerca d 10 minutos en decidirme y darme por rendida; nadie ni nada me distraería en el día. Al menos,Alineación a la izquierda no este día.
Tomé mi polerón, mi mp3 y avisé que saldría a caminar.

A pesar de lo obscuro y la brisa que corría, no hacía frío, por lo que amarré mi polerón a la cintura quedándome con una polera manga corta.
Caminé en la dirección acostumbrada a paso rápido, como si tuviera algo que hacer. Recorría con los ojos el lugar por donde pasaba tratando de combinar lo que veía con la música que escuchaba, pero me fue imposible, la canción era muy enérgica, y con la poca luz que había no podía haber concordancia con la pesada guitarra que sonaba y el eco agudo de un grito masculino. Pude haber intentado combinar a los niños que aún jugaban en los columpios y en el terreno de cesped con la pelota, pero muy cerca de ellos habían otras figuras más grandes que ensuciaban la vista. Los autos hacían cambiar el ritmo al que iba la gente caminando y reflejaban la luz de los postes y algunos detellos de la luna que aún no se pronunciaba del todo en el firmamento, cambiando también las sombras que se proyectaban de los cuerpos sin luz propia; perdía el compás de mis propios pensamientos. Había interferencia.

Al poco andar ya me encontraba cerca de una plaza, busqué un árbol y me senté a sus pies. El césped estaba algo humedo y con el ambiente incluso algo frío, pero tolerable. El ambiente desde ahí se percibía distinto.
Bajo el árbol no me cegaba la luz de los autos, veía sombras claras bajo los objetos opacos y el ritmo del camino de la gente era único e inconstante, pero se mantenía bajo una misma frecuencia, sin interferencias ni cambios externos. En la plaza habían pocos focos de luz y la luna logró pronunciarse en el inmenso negro que ahora se apoderó del cielo -era como si la luna se ofendiera con tanta luz artificial que la sustituye... solo aparece de verdad cuando nadie interrumpe el brillo que le quita al sol~-.
Bajo esa perspectiva, bajo esa luna y ese árbol, pude combinar lo que escuchaba y veía sin problemas. Ahora, con lluvias de cuerdas vibrantes que resuenan aumentando de forma casi ínfima acompañado de una áspera voz cantando casi en un susurro, veía caminar a varias parejas sin temor ni prisas, veía también a los pocos perros correr y jugar entre ellos, a otros durmiendo en el césped y otros caminando sin rumbo fijo, veía a niños en bicicleta acompañados de algunos amigos, veía los árboles grandes e imponentes con sus ramas en alto interfiriendo mi vista a la luna, como intentando tomarla, intentando estirarse y enrroscrce para lograr rodar ese semi círculo blanco que tan glorioso se veía. El viento desordenaba mi cabello e inflaba mi polera recorriendo hasta la parte baja de mi espalda, como si le perteneciera, helaba mis mejillas y las puntas de mis dedos, pero no sentía frío alguno. Las sombras iban y venían, y cada vez que veía una sombra hacerse más grande, me recorría un pequeño shock de estática me recorría el cuerpo provocando un pequeño instante de taquicardia, lo más probable que medio segundo de esta, pero lo suficiente como para poder caer de mi nube de pensamientos que se formaban cuando estaba con la vista ciega... tal vez, pensaba que alguien se me acercaba, reconociéndome.
Uno de esos tantos perros que se me cruzaron por delante se me acerco un tanto más que los otros, llevaba una botella en el hocico. Levanté la mano para acariciarlo y sin preguntas ni dudas, se me avalanzó y frotó su cabeza contra mis piernas, después mi estómago y en mi pecho, y supe lo necesitado que estaba aquel animal. Buscaba una caricia, buscaba otro aroma, y al verme a su misma altura y en su misma situación -vagando con algo para encontrar distracción, él con su botella, yo con mi mp3-, no dudó en pedirme lo que necesitaba. Estuve un rato tirandole la botella para que la fuera a buscar y la trajera de vuelta, pero paré al poco rato.
¿Quién era yo para darle una esperanza de cariño para luego quitársela y dejarlo a su suerte?
Por eso no miro mucho a los perros vagabundos.

Había pasado un buen rato sentada allí sin moverme por lo que no había notado que me dolía la espalda y el trasero, y que además estaba bastante helada. Me puse el polerón, y seguí vagando.
Tomé un camino distinto al acostumbrado para llegar a casa, y solo por la visión de estar llegando a donde me esperaban, me desvié y di otro paseo por el camino contrario a mi casa.
Ahora ya se veían algunas pocas constelaciones en el cielo, pero eran tan poco visibles que la luna parecía solitaria todavía.
A paso lento, seguía sin nada que se me atravesara, el camino estaba despejado, sin obstáculos ni ayuda, era un camino plano, donde no había sentido lógico para seguir, pero seguí. Con o sin lógica, yo seguí, y poco antes de llegar al final -que estaba a 3 metros de mi- decidí regresar, y regresé.
Me devolví por el camino plano, donde seguir puede ser regresar o avanzar dependiendo de la perspectiva que s tenga, porque no había punto de partida.
La música ahora eran solo escalas de cuerdas a alta tensión, octabas arriba, dos octabas más abajo, una cuerda sobre la otra, miles de cuerdas de un solo instrumendo completandose a si misma, como la perfección misma.
Así, yo seguí a mi casa.



Bajo esa perspectiva,

bajo esa luna,

dentro de mi música...

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written : 5:50


viernes, 5 de diciembre de 2008

Tiempo

El mes de Diciembre está empezando~
El tiempo pasa muy rápido; es como si hace 5 minutos hubiera escrito en mi cuaderno de apuntes "1ero de marzo" y hubiera pensado "Aj... falta mucho para terminar el año." ¿Quién diría que ya estamos en el último mes del año?

Si. El tiempo pasa a velocidades increíbles, a pesar de que sea una gran cantidad de momentos que podemos vivir, siempre nos falta.
Tenemos a nuestra disposición una cuenta de Banco con un depósito incluido de 86400. Esta cuenta es desactivada todos los días y vuelta a abrir con la misma cantidad depositada. El banco le regala al propietario de la cuenta los 86400, pero una vez sacados, no puedes volver a depositarlos para ahorrar, tampoco obtendrás más de ese valor porque no están habilitados los intereses; pero puedes ocuparlos como quieras, puedes tirarlos si se te da la gana, puedes simplemente mirarlo o puedes gastarlo. Pero teniendo siempre en cuenta: lo que usas no lo puedes volver a ocupar.
Ese banco y los 86400 son el día y los segundos que pasan en ese día. Se sabe que desperdiciamos el tiempo de manera increíble, y se nos olvida que el tiempo no espera a nadie. Si el tiempo pasó y no ocupaste tu tiempo, mala suerte. El tiempo no se recupera, no vuelve ni se ahorra, sólo se pierde. Pero siempre existe un nuevo día, un día más con 86400 segundos que regalar en el que si puedas hacer algo, en el que si puedas gastar para darle un valor más grande a esos 86400, y si el tiempo se te acabó antes de lo que pensabas, esperarás el día siguiente con alegría y entusiasmo.
¿No es así como se disfruta la vida?
Si, cuesta disfrutarla, aveces ni siquiera sabemos si estamos gastando el tiempo adecuadamente o no nos podemos decidir y perdemos orientación en el camino. ¡No pierdas el tiempo! Si te caes, recuerda gritar si te duele, aguantar no te hará más fuerte, y con ese grito, date ánimos para volver a levantarte, porque ya perdiste tiempo valioso con esa caída y hay que aprovechar lo que queda antes que se acabe el día y empieces de 0 otra vez. ¿Y si no puedes levantarte? Créeme, tu si puedes. Con algo de ayuda, todo se puede. Por eso, si la caída duele y en esa caída te lastimaste, no te aguantes, no acumules dolor, porque perderás tu tiempo; te quedarás en el suelo sin poder levantarte y nadie te ayudará, porque todos pensarán que estás bien, y gastarás tiempo en vano, tiempo que podrías usar para fortalecerte pero que gastas en el suelo lamentando y siendo indeciso; para colmo, las ganas de usar tu tiempo se irán desvaneciendo porque te estarás reprimiendo. Créeme, eso es algo de lo más egoista. Quienes te quieren ayudar a levantarte gastan de su tiempo para hacerlo, y quienes te quieren ayudar quieren saber cómo estás, porque ellos son los que te quieren, y los rechazas y ocultas tu sentir, desvalorizando el tiempo y las intensiones de los demás.
Si quieres algo, ve por ello. No pienses en nada más, intenta no herir a nadie y ayudalos a ser felices también, no hay cosa más linda y humilde que invertir tiempo en los seres queridos; pero sin excederce, porque sin heridas uno no aprende a curarse, y porque si uno no guarda algo de cariño para sí, regalaría su tiempo a los demás y olvidaría vivir su propio tiempo, el que le pertenece a uno y que tiene derecho a vivir como quiera, aunque a los demás no les guste. Sé feliz a tu manera y no dejes que los demás mal influyan en ella, porque eres tú quien la vive : )


El tiempo pasa rápido, muy rápido.
¿No te parece?

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written : 15:36


about Me

Me llamo: Karla Buch K.
Nick: Ayeka Minami
Nací: 28 de Febrero, 1993
Edad: 18
Signo: Piscis
Vivo en: Santiago de Chile
♥: Pololeando~
Colegio/Liceo: Liceo Nº7 de Niñas de Providencia (Liceo A-43 Luisa Saavedra)
Establecimiento educacional: Pontificia Universidad Católica de Chile; estudiando 'Química y Farmacia'
E-mail: @gmail; @hotmail

♥ Likes: Mi novio ♥♥; Leche&Chocolate; dulces; manjar/dulce de leche; leche condensada; estar con mis amig@s; hablar con mis mejores amig@s; reemncontrarme con compañeras de media/secundaria; música; Carlos Andrés Cabrera Urbina;  paloposas; ropa; Computador; maní con sal; los actos de succionacariño para reunir energía y nunca envejecer abrazos ♥; los árboles;  té con miel; los ojos sinceros; posholate&poshoina;  Emoticons 8); verano otoño invierno primavera; TaiWeanDo TaeKwonDo; Perry~!; frases célebres; diseños a cuadros, rayas, escocés; calcetines negro&blanco; DRAGONES!; colores; cosas adorables; icecream; ocio; que me palmeen la cabeza; anime&manga; lechuga [!]; atrapar polillas; Vampiros; Licántropos; Ángeles, películas de Disney; libros; etc~

x Dislikes: LadyGaga;  poseros;  actitudes inmaduras y caprichos irracionales; homofóbicos; suicidas; abispas; mega- pesimistas; Sakura -Naruto-; abrigos de piel; minas y minos poncios; alcohol en cualquiera de sus formas; tabaco; fábricas contaminantes;
lenguaje&historia; el exceso de racionalidad; Fritura; etc~

♪ Música: Rock Clásica JMusic Metal Pop. (en cantidades moderadas)


Yo soy...
Karlangas nació de un huevo dejado por un hamster ovíparo. Por supuesto, nadie lo cree. Apenas salió de su huevo, las ondas cerebrales de su cabeza se pegaron a las de quien, ahora, es su mejor amiga vitalicia for ever and never. Karlangas creció con el ultra-consentimiento de sus padres y abuela, quienes le daban más de lo que necesitaba (e inclusive, más de lo que merecía); es por eso que ahora es una malcriada. El tiempo pasaba, y con él, llegaba la existencia de dos engendros a su vida, engendros a los que llamaría "hermanos". Una perrita ocupó un lugar más en la familia. Karlangas conoció en primaria a un perro negro y un gato blanco; ahora sus dos grandes amigas. Hasta entonces, Karlangas aún vivía en su burbuja de ultra-consentimiento. No es hasta que pasa a secundaria que la burbuja se quiebra y deja a la vista parte del verdadero y extenso mundo, mundo que Karlangas desconocía. Quién diría que, desde México, un panda iría en su ayuda. Paulatinamente, Karlangas fue conociendo, fue cayendo y levantando. Ahora, intenta avanzar, esperando a romper la burbuja, y seguir aprendiendo... y amando ♥

wishList

Un abrazo
Un novio
Tener el lado humanista de mi cerebro más desarrollado
Saber interpretar incoherencias ajenas
Ser lo suficientemente fuerte como para solucionar mis problemas por mi cuenta
Audífonos grandes (Auspicios a mi hermanito♥♥!)
Plantar un arbolito ♥
Vacaciones
Sacar mi carrera...!
Un ángel caído <3 El aliento de un ángel que me recuerde lo precioso de la vida ♥
Un buen libro
Volver a TaeKwonDo
Tiempo para mis amigos
Aprender a pedir disculpas
Felicidad para el mundo!

Comment?

musicBox

rewind



¿Qué es lo que llena la libertad?
Ah, esas noches..
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Palabras
Flojera
Miedo
Detalles
Just 'cause yes.
Los colores son más brillantes que ayer
Taldo cursi ♥


worlds

You
natycosa chocopanda[#-#] zamizami[#] nicole valito banyo silvio nato manición pame[#] mary alme[#] joaquín

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Ocio y contenido incoherente totalmente salido del vacío de mentes previamente preparadas y por tanto original. Blog no apto para personas cuerdas amantes de la lógica y quien tenga enemistad con la pochoina [♥]

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