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miércoles, 1 de diciembre de 2010ÁngelesUn temblor se desató en mi boca, y mi mandíbula empezó a vibrar. El aire se tornaba denso, tal vez por efecto del calor, o por el aire estancado en la sala de clases, o por la débil reberveración que producían los lápices al frotar la mesa en el que se apoyaban. El viscoso y pesado flujo de aire pasando por entre mi nariz se rehusaba a avanzar por entre mis pulmones, y ralentizaba mis movimientos, como si de a poco la vida se me escapara por entre mis poros. Ah, la cabeza se estaba quedando pequeña para un cerebro que necesitaba aire para relajarse, que necesitaba salir de aquél sofocante cráneo, y golpeaba desde dentro, desde el hueco del hueso, pasando por las meninges, y por el líquido cefaloraquídeo. Retumbaba, retumbaba, retumbaba, retumbaba... los pensamientos se desvanecían, hasta que mi cuerpo quedó vacío de toda voluntad, y se convirtió en un bulto que ocupaba un asiento más en aquella aula. Ah, por alguna razón que desconozco, tengo cierta atracción a ciertos temas que se escapan de mi entendimiento. Me atraen cosas que, en un plano y vista fría, son inalcanzables. No es por ser pesimista, de hecho, es en vista de una realidad del todo objetiva. Inalcanzable. Tanto así que no vasta con apoyar mi peso en la punta de mis pies y extender mi mano hacia las nubes, ni tampoco ir hacia la colina más alta y dar saltos ávidamente. Me pregunto, por qué y cuándo empecé a encapricharme con ellos. Tal vez sea esa anhelante curiosidad afín que me involucra de tal al tema, la que formó en mi aquél interés. Tal vez. Aquella incertidumbre existe, tal vez hace un par de años, o desde siempre, aunque no a plena conciencia, sino, más bien, como un hecho instintivo; algo innato. Ah, tan innato como cuando alzaba la vista, y mantenía los ojos abiertos, esperando siempre a que de entre aquél mar de ráfagas multicolor apareciera lo que tanto esperaba. Dejaba que mi retina absorviera todo el panorama, como un animal devora ávidamente a su presa. Me dejaba acariciar por aquellas extensiones de luz que no daban cabida a la prudencia, y me rodeaban de ellas, ingresaban por cualquier recoveco, por cualquier apertura, y por mi pupila. Dejaba nadar la energía por entre mis ojos, dejándola morir en mi retina, mientras su fin coloreaba mi imaginación color ventana, dejándome la mente abierta de par en par, para abastecerme de lo que ahora saturaba mi todo. El cielo también se reflejaba sobre mi córnea, y creaba un espejo entre el cielo y mi faz... en algún momento, tal vez, se aparecían a observar su reflejo. Aún ahora suelo pensarlo, y de hecho, me he sorprendido mirando al cielo más de una vez con el mismo anhelo. Pero no todo es como antes. Las cosas cambian, aunque no lo quiera así. Y está bien, lo acepto. Está bien, porque ya no existe gran magnitud en mis deseos. Pero, no ha sido por haber dejado de creer... por supuesto que no. Ellos, lo que he querido alcanzar, lo que he querido aseverar, lo que me hace imaginar el cómo se sentirá ser protegido por un suave conjunto emplumado, y el que me hace cuestionar si la brisa no es acaso alguno de ellos pasando a mi lado. Los ángeles. Para mi no solo son entidades del cielo que mantienen vivo el recuerdo de Dios. Más que eso, no solo de Él, sino que fortalecen la pequeña existencia de cada persona como tal, independientemente de su inclinación cultural o religiosa. Y, tampoco son, necesariamente, seres alados, con aureola en sus cabezas y arpa o trompeta en mano, creo que van más allá de las formas, son seres abstractos, son colores, son sonidos, son invisibles, sensibles... Ah, son más que eso... He dejado que mi deseo por encontrarlos disminuya, y es porque entendí que no todos pueden verlos, y que estos, a su vez, tampoco se dejan ver. Son astutos, y no dejaran descuido alguno. Pero, ¿qué sería de nosotros, si no tenemos de quien apoyarnos, a quién ver para saber que todo está bien? No se dejarán ver como tal, y no creo que lo hagan en esta vida. En cambio, adquieren formas distintas, formas en las que pueden intervenir e interactuar con nosotros sin la necesidad de alterar nuestra cotidianidad, ni nuestra convicción de la realidad. Ellos, y estoy segura, están en todos aquellos detalles, en todo lo que, de alguna manera, nos saca una sonrisa de los labios que permanecían cerrados por efecto de la rutina. Aquella polilla que se posó en mi bolso camino al supermercado, aquél árbol que permanecía paciente a que apareciera alguien para poder brindarle su sombra en medio del calor de la primavera, aquella flor que saludaba al son del viento el ultimo día de clases, o aquella canción que escuchaste el día más gris de la semana y coloreó todo tu paisaje, o el perro que te siguió todo el camino hasta que llegaste a destino, y... aquélla persona en medio de la calle que hizo un gesto gracioso, o te ayudó a levantarte sin reírse cuando te caíste, o quien te dio el asiento cuando estabas a duras penas de pie. Ah, pero nunca nos damos cuenta, ni nos convencemos de ello. Detalles, pequeños y tan vanales, no pueden ser entendidos por todos. Ni yo los entiendo en su momento. Nadie, en verdad, los entiende a cavalidad. Ni entiendo, a decir verdad, que los ángeles están más cerca que un simple detalle. Eh, ¿pero cómo es que no es sino hasta ahora que me doy cuenta? Es por eso que mi búsqueda ya no se vuelve impaciente, ya no es una incertidumbre, porque tengo mi anhelo conmigo. Una vez, un pequeño girasol me regaló un libro, en el que mencionaba (y no entendía del todo, hasta hace un par de años nada más) que los amigos son ángeles que han venido a por nosotros. Y, es que... no hay nada más cierto. Solo ellos pueden entender lo que ni tu mismo haces, y solo ellos pueden levantarte de una caída a la que te rehusas levantar (y si, considero a mi perra como amiga, por cierto). Las cosas no van a cambiar por ello, por darme cuenta. Pero, si es cierto que aquellos vacíos que toda persona tiene, parecen más pequeños que antes. No es nada que cambiará el mundo, pero... He encontrado otro motivo para sonreír~ PD: Sientase libre, cualquiera de quienes lean la entrada y lo sepan, sepan que están ahí, de considerar que mis palabras son para ellos Etiquetas: cosas, reflexiones
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