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lunes 1 de febrero de 2010Cosas que me gustanEs simple. Son cosas.Cosas que me gustan. No hay un motivo especial para hablar de las cosas que me gustan, y debido a que nunca encontraré un motivo verdaderamente bueno, lo hago ahora. En primer lugar y en prioridad a cualquier otra cosa que me esté dentro de mis gustos, está el adorado, dulce y obsesionante chocolate. Lo repito siempre, y lo vuelvo a repetir: amo el chocolate. Me encanta comer chocolate Trencito cando estoy con mi madre viendo películas románticas que hacen llorar, o tomar leche con chocolate en las mañanas, o hacer un queque de chocolate con mi abuela, quitarles cereal de chocolate a mis hermanos mientras se sirven su plato de yogurth con cereal, o lamer una paleta de chocolate por mero gusto. Sé, le da el toque perfecto a muchos momentos, y además, se adapta a ellos. Gracias señor chocolate amargo y señor chocolate dulce, y también, a la señora chocolate blanco. Los mantendré siempre guardados en mi querido estómago. Podría seguir hablando de comida y de lo mucho que me encanta el queso derretido, de lo rico que son las pastas y lo perfecto que saben si juntas los alimentos anteriormente mencionados, podría hablar también de mi extraño gustos por las ensaladas y todo lo que contenga en su composición 80% fibra y su predominio por sobre cualquier otro alimento a la hora del almuerzo, pero no soy una gran fanática de los químicos que disuelve mi paladar, además, me daría hambre. Me gustan muchos los colores. En sí, me encantan casi todos los colores, en especial el verde y el azul. No me pregunten el por qué, pero siempre he tendido a ellos, incluso a la hora de escoger ropa o cosas por el estilo. Natalia me dijo que tiene mucho que ver con mi 'paisaje ideal' -que es, más que nada, un lugar verde o con muchos árboles y un gran cielo azul en contraste- y de como soy. Aunque poco importa. Solo me gustan. Hace un par de días fui al Mall -centro comercial, para que se entienda- con mi madre. Hace mucho que no iba y respiraba ese aire frío y caminaba por el conglomerado lugar. ![]() Irónicamente, extrañaba ver un lugar así, y más aún, extrañaba venir con el único objetivo de ir a comprar ropa. CHÁN! Muchos dirán, '¿Y eso que no lo hace habitualmente cualquier mujer?'. Pues, yo no. Me encanta imaginar cómo me vería con tal o cual vestimenta, y más aún, probármela si está a mi alcance, pero mi problema es que me da miedo volverme altamente consumista, o que no me quede la única prenda que me gustó. Hubo un tiempo en el que constantemente pedía ropa a pesar de que ya tenía suficiente, y otro en el que la ropa definitivamente no me quedaba y me frustraba sola -sí, patético-. Aunque es cosa pasada, intento evitar volverme tan superficial y estúpida como aquél tiempo. Pero, ahora, esto ya era necesidad: no tenía que ponerme. En tanto escogía lo que podría ser mi nueva prenda, me di cuenta que estaba seleccionando en forma reiterada vestidos y jumpers. Estoy teniendo la necesidad casi imperiosa de conseguir un vestido rojo con diseño escocés o a cuadros. Mi lado femenino estaba saliendo a la superficie, y me sorprendió bastante, considerando además que siempre me he inclinado más por un cómodo pantalón y sentarme como me de la gana en vez de una falda y sentarme como pingüino para que no se vea la ropa interior Sí, me gustan los vestidos rojos con diseño escocés. Por supuesto, en el Mall habían jumpers negros preciosos, vestidos con miles de estampados, pero no todos me quedaban bien, y el jumper negro era enfermizamente caro. Por ningún rastro, un vestido rojo escocés. Terminé comprando unos blue jeans estilo pitillo. Aún así, no quedé desconforme con la compra. Ya que estamos en el tema, seguiré hablando de cosas superfluas. Ahora, gente, ¿no conocen a alguien amante de los gorros? No es que yo lo sea, de hecho, no me gusta mucho usarlos, pero si soy bastante loca por las boinas.No sé si es el aspecto medianamente antiguo de ella y lo mucho que me hace imaginar lo tiempos donde un tren a vapor era la novedad del tiempo y contemporáneamente se usaban estos gorros de forma cotidiana, o lo levemente inflada que es cuando te la colocas. Me gustan las boinas. Me gusta usar una coleta baja o esconder mi cabello cuando las uso, es bastante cómodo. También me hace sentir un poquito diferente de toda la masa de gente en el planeta. Aunque siempre me dejan el cabello marcado con la forma de la boina. ¿Más ropa que me guste? Me encantan los abrigos tipo mongomeri. Son mis predilectos en el invierno, y constantemente ocupo los mil y un mongomeri que tiene mi madre. Peleo con mi madre también por algunos zapatos de caña alta, como algunas botas y Converse altas -ok, las converse las ocupo solo yo-. Más allá, son solo accesorios. Como mi muñequera negra con blondas super geniales B: o mis gargantillas, o una tobillera, o guantes de manga larga, inclusive una traba y demás. Puras superficialidades. Ok, pasemos a otro tema menos superfluo. ¿Música? ¿A quién no le gusta? En especial si es un día tranquilo, si estoy caminando en el parque, o bajo algún árbol, o cuando hay una tripulación de nubes intentando conquistar el cielo de Santiago, o cuando las flores me invitan a darle un sabor distinto a la vida y al día, o cuando dos crías de palomas están aprendiendo a volar y entre tantos intentos deciden descansar en el asiento del frente de mi casa, o cuando imagino cosas imposibles, cuando creo en dragones y fénix renaciendo de cenizas, cosas imposibles como un cat-dog, una barra de chocolate interminable, o un paseo de la mano con alguien que no existe ni existirá probablemente, o que puedo hablar con las ballenas y logre salvarlas de su caza y desaparición, o cuando salto de nube en nube y, en especial, escuchar música mientras vuelo -no, no tiene nada que ver con marihuana, cocaína, heroína o algún producto que estimula la sobreproducción o inhibición de neurotransmisores en el sistema nervioso central-. Me encanta volar e ir al ritmo de la música que sea que esté escuchando. ¿Quién necesita drogas si puedes salir de la realidad con buena música y un poco de tranquilidad? Llendo un poco más al grano, me gustan muchos tipos de música. No soy toda conoc edora de ella, y en verdad, soy bastante ignorante en el tema. Desconozco las canciones populares, principalmente porque el reggeaton, cumbia y otros no son de mi preferencia.Me gusta mucho la música clásica. Sép, me encanta la ópera de ‘La flauta mágica’ y los duetos de Papagenno y Papagenna, también temas con tema definido como El aprendiz del mago -gracias, Disney 2000-. En fin, tipos de música bastante conocida. Pero también me gustan las melodías desconocidas por el populacho en general. Soundtracks de series, películas de Tim Burton u otra buena trama de otros directores, lideran el género. No puede quedar fuera el Rock clásico y Hard rock. Es divertido hacer tonteras teniendo como música de fondo este género. También me gusta el Metal y otros géneros más pesados. Descargas buena energía, gritas como si te estuvieran dando vuelta la piel, y eres feliz mientras la escuchas xD También los temas melosos de cada género me llegan bastante. Lo único que no me gusta de estas cursilerías de canciones, es que a veces lloro de pura conmoción. Bléh. Soy una maldita llorona que escucha metal y rock progresivo porque sí. ¿Y qué hay del Rap? Más ignorante no puedo ser, no conozco casi ningún grupo para este género, pero igualmente me encanta. Es pegajoso, y divertido en muchas maneras. Quién sabe, si sigo hablando de esto, tendré que dividir el tema en 346834905890348 partes x'D Soy una niña bastante miedosa. O eso creo por mi repudio a las películas de terror. Pero cuando el ambiente es adecuado, en cierta manera, me gusta ver las casas antiguas, abandonadas y dejadas a manos del padre tiempo y la madre naturaleza. ¿No da curiosidad saber quienes vivían en esa casa? ¿qué hay dentro? ¿hay juguetes y muebles antiguos, casi carcomidos? ¿saber si hay mucho o poco polvo en el suelo? Por alguna razón, estos cuestionamientos me dan nostalgia. Más aún, ese sentimiento se acrecienta cuando pienso en como hubiera sido mi vida en esa casa, dentro de esa antigüedad -hablando de algo medianamente antiguo, ni crean que lo llevo al siglo XIV y demás-. Curiosamente no me esfuerzo por pensarlo, es un pensamiento que viene y va de forma espontánea. Por momentos creo que tal vez hubiera sido mejor permanecer en un lugar así de antiguo y algo más humilde; las cosas tendrían otro valor para mi, y existirían otros momentos muy especiales en mi vida, que no puedo experimentar en mi contemporaneidad, si así lo fuera.Uno de mis tantos sueños desde pequeña, es entrar a una casa de este tipo, y ojala observar como las plantas y demás se apoderan del lugar, reclamando lo que alguna vez perteneció al suelo; mover algún objeto y que salga sorprendida alguna polilla o mariposa, y que uno de esos tantos objetos sea una cajita musical. Sueños frustrados ilusos de una niña que se crió con Disney y cuentos de hadas. Aún tengo ganas de ver una casa así. Otra maravilla que me conmueve son los dientes de león. A pesar de que son parte de la maleza y que aparecen sin previo aviso, la gente no las considera tan malas del todo. De hecho, son pocos los niños que pueden resistirse a soplar una de estas.Las mejores cosas vienen cuando menos te lo esperas, ¿no, pequeño diente de león? Yo los considero casi un milagro. Si lo pienso, alguien que nunca ha visto el mundo, quedaría anonadado ante la simpleza de esta planta, y de como una pequeña caricia del propio aliento puede lograr dispersar sus semillas que se mecen tranquilamente al son de la brisa. Más de una vez les he susurrado algún deseo o pequeño capricho que quiero, y luego los soplo, esperando a que mi deseo, al igual que la semilla, logre crecer y salir a luz. Una gran debilidad mía, aparte del chocolate, es el simple hecho de que me palmeen la cabeza. Sé, ese *pat* *pat* está maldito. O yo soy la maldita. A veces siento que es como un collar y me vuelve dócil ._. como a un poring salvaje al que se le da una manzana verde para volverse fiel al dueño -freak mode on-, o para que se entienda mejor, como cuando hay dos perros dominantes en un mismo territorio, estos pelean y, finalmente, uno retrasa las orejas, gime y pone ojitos de pescado; se subyuga al ganador y dominante del territorio. Así de violento es el cambio que siento cuando sucede. Me hace sentir pequeña. Tal vez es esa la causa del por qué me guste ese gesto.Bléh, aún así es reconfortante ese cariñito ¬///¬ ¡Pero pobre que alguien intente palmearme después de leer esto! Prefiero que intenten sobornarme o ganar algo de mi si me ofrece algo menos embarazoso o que me haga bajar en nivel jerárquico, como un abrazo, que es igualmente ezzzpezzial para mi B: Un abrazo, o una galleta de jengibre. ¡Como adoro esas galletas!Más que nada, es el olor típico de estas golosinas. En navidad siempre las olfateo, y es solo así que me siento dentro de las fiestas navideñas. Me encanta tenerlas en mano y sentir esa textura que la hace diferente a las otras galletitas, y ese olor único que despiden de ellas, y untarlas en leche con chocolate... Jó, terminé retomando otra vez el tema de la comida -cosa extraña, porque como menos de lo usual últimamente xD-. La navidad pasada comí una galletita de jengibre, y fue el deleite que mi paladar necesitaba; ¡años sin probar una! La última que comí fue cuando tenía cerca de 6 o 7 años. De ahí, solo sentía el olor 'a navidad' para mi. Y pensar que esa galleta fue uno de los mejores regalos de navidad que tuve el año pasado. Mamá -o, mejor, Santa o Viejito Pascuero, como buen Shileno xD- recorrió cielo, mar y tierra para buscar una para mi, a pesar de que jamás pedí una, sino que simplemente recordó un comentario que di de forma extra a una conversación cualquiera en cualquier mes del año. Supongo que fue también porque no sabía qué es lo que quería para navidad. Aunque ya fue un gran Racconto hasta acá, hora de volver al presente año. Por supuesto, aparte de mi actual gusto por los vestidos y cosas más correspondientes a mi género, también tengo mis propias hormonas y reacciones típicas de una adolescente friki adicta al chocolate en crecimiento.Me gustan los mangas, las series de animación japonesa -más conocidos como 'monos chinos'- y los chicos sexys dentro -y fuera- de ellas. CUECK. Sí, soy una pequeña friki no asumida del todo. Típico y casi obvio, sin necesidad de explicar. Pero yo lo digo porque este es mi blog y punto final del bendito problema e0é. Aunque la mayoría de las historias son igual de basura que muchas, hay excepciones, y me queda un lindo recuerdo de cada una : ) Lo último pude haberlo suprimido, pero prefiero tirar la bomba antes de formar una buena idea de mi. Existen muchas cosas más que me gustaría comentar, como los arco iris, los días de verano, salir y compartir con mis amigos y compañeras de curso, acariciar y enojar a mi perrita, comer chicles dulces, hablar con un panda mexicano, abrazar peluches suavecitos, TaeKwon Do, molestar a mis hermanos, matar monstruitos feos en los juegos, y otras cosas que ahora me da lata escribir. Me queda mucho aún, puedo crear otra entrada y seguir escribiendo cosas aburridas como esta -más que nada para mi, porque no quiero someter a inocentes a que lean este tipo de cosas extras en sus vidas xD-, así que, tal vez, si me animo, nos veremos querido blog, en la próxima entrada, dentro de muchos millones de centenares de años luz más :) Etiquetas: cosas
sábado 23 de enero de 2010EsperarNo tenía ganas de actualizar.Pero más vale tarde que nunca, traigo cosas nuevas para estrenar un año nuevo. Para los pocos entes que se dan la flojera de visitar este lugar, no es necesario indicar dónde está la novedad. No, no es que sea LA novedad, es solo un cambio que consideré necesario. De todas formas, para quienes vienen seguido y quienes no, les presento el nuevo encabezado de mi blog ;) Sí, guatié con el avatar, pero qué más da. También he colocado música nueva, para quien quiera oírla. En fin. ¿Balance del 2009? Es extraño en mi considerar un año "malo". Esta no fue una de esas veces, pero han habido mejores. Y, ¿para este año? Quién sabe. Cuando era pequeña solía asimilar muy rápido el hecho de comenzar una nueva traslación alrededor del sol, pero ahora ese cambio se me es nimio. Finalmente, es un año más, y solo eso. Por supuesto, siempre espero lo mejor de los nuevos comienzos. Espero que este año esté apestado, atestado, englomerado y colmado de pura alegría, salud y cariño. Espero levantarme con la frente en alto después de cada caída, y espero conocer lo que me toque conocer. Detesto el hecho de que catástrofes ya estén ocurriendo a tan temprana partida del año. Por supuesto, espero con lo todo y poco que soy, que los afectados de Haití logren salir adelante, y que ninguna otra catástrofe sacuda a cualquier lugar de nuestro pequeño planeta. Espero ver árboles, espero ver colores, espero sentir brisas, y espero dar abrazos. Espero no hacer nada en vano, espero estar con mis amigos, espero encaminarme, espero un 99% de trabajo y 1% de habilidad e imaginación, espero estar con quienes me necesiten, y espero vivir otra vez. Entonces... ¿qué estoy esperando? Etiquetas: reflexiones, vagaciones
lunes 23 de noviembre de 2009InsensibleHoy no tengo razones para una entrada en especial.Quiero escribir. Sé que lo hago pésimo; nunca me gustó mi redacción y el cómo doy a entender mis ideas. Comunmente me doy cuenta de que escribo algo muy distinto a lo que tengo en mente. Aunque... jamás planeo una entrada antes de escribirla, solo saco el tapón de mis oídos para dejar salir lo que da vueltas en mi cabeza en el momento. Digamos que solo tengo ganas de balbucear. Digamos que, por razones tan comunes -que en realidad, no son razones, sino cotidianidades- como viajar a mi casa en un autobus mirando hacia fuera por la ventana, por donde están las líneas férreas del tren y por donde alrededor brotan plantas y flores que nadie planeó cultivar, empezé a sumirme en un mundo onírico, y era tan simple, que me conmoví. El calor no parecía tan agobiante, el pasto seco crujía casi imperceptiblemente al mecerlo la brisa, y mis pies estaban estáticos sobre una tabla de madera, gastada por los años, de las líneas que guían el camino de la máquina -que por ese entonces, parecía estar viajando muy lejos de donde yo estaba-. El cielo era de un imperfecto azul, aclaraba mientras más al horizonte se dirigía. Y yo, ahí, buscando con la mirada el final de la línea; sin motivo y movida por mera curiosidad, mis pies andaban. ¿Era curiosidad? ¿o era simple capricho? tal vez solo quería dar un paseo, o quería... no lo sé. Caminaba. Y era extraño, nada venía detrás, nadie me apresuraba. Me gustaría caminar por las líneas del tren. Lástima que si lo hago, hay grandes posibilidades que de la nada aprezca algun hombre con alto grado de sicopatía o trastorno mental, y haga algo que no quiero nombrar. Hoy hace calor. Y por alguna razón, no siento nada. Aveces yo misma me impongo sueños cuando estoy despierta, y por cada imagen proyectada en mi cerebro se crea una sensación. Suelen ser la recreación de lo que quiero, o lo que callo. Suelen darme cosquillas. Suelo autoimponerme imágenes para sentir cosquillas o esa sensación grata de cuando imaginas, ¿entiendes? No siempre me funciona. Aveces escucho música y, sin quererlo, sin darme cuenta, sin que yo lograra verlo venir; los sonidos irrumpen en mi pecho causando una explosión de flujo sanguíneo, arrebolándose mis mejillas y acelerando mi rítmo cardíaco. Toda proyección de imágenes se bloquea y, si bien, la retina de mis ojos permanece expuesta a toda luz del ambiente, olvido como ver, olvido como pensar, olvido como recordar, y casi como respirar. Es como sumergirse en el más gran éxtasis, o como consumir -según dicen- kilos y kilos de cocaína. Aveces camino. Puede ser cualquier día, cualquier estación. A mi me gusta. Aveces camino, y siempre -más bien, siempre que olvido el ahora, porque la realidad desvía mi atención- me llaman la atención las ramificaciones de las hojas de las plantas, o de los árboles, o la gota de sabia que corre por el tronco de un árbol, o la intensidad del color de una azucena, o una mariposa blanca sobre una margarita. Me gusta. También me gusta mirar las sombras proyectadas por la arboleada que hay camino a mi casa, y a su vez, mirar como luchan los rayos del sol por salir de entre las copas de los árboles, y crean pequeños umbrales de luz, pequeños arcoiris, pequeños mundos conocidos y hasta mundos sin nombre, porque pocos pueden verlos a simple vista. Aveces me doy cuenta que busco otras maneras para crear emoción. Y otras, me atacan situaciones de otras maneras, y me provocan emoción. No es algo común, como lo sería buscar a alguien para que te haga sentir alguna emoción, más no por eso es anormal... o eso creo. Aveces... Como quien es consumido por una colosal oleada de adversidad y rompe la burbuja que inocentemente soplaba un niño, reconocí un cartel publicitario de ventas de piscinas; era la señal para bajarme del autobus. Recordé que era día lunes, que estaba empezando la semana, que debía llegar a completar el vocabulario para mañana, que debía estudiar el martes para el examen final de Biología del miércoles, para después hacer la guía de Biología II al llegar a casa ese mismo día. Finalmente, estudiar el jueves para el examen de Química del viernes, y el viernes... no sé que tengo que hacer el viernes. Olvidé también que, al bajarme del autobus, siempre tengo las líneas del tren frente a mi. No es hasta que cruzo la calle y estoy lejos, cuando la recerdo. Aveces... Aveces creo que soy insensible. Etiquetas: asdf
martes 10 de noviembre de 2009Esa minoría"Piensa en los demás"."No seas egoísta" "Ponte en su lugar" Ya no es raro escuchar palabras similares. Todas apuntan al trato de tí para con los demás. Las librerías, medios de comunicación de masa, terapeutas y demás; todos los lugares están fétidas de estas expresiones. Y es porque la mayoría de la gente no lo pone en práctica. Son particularmente egoístas. Pero no, no vengo a joderos la vida de sermones con "Hey! no seas egoísta", al menos, hoy no. Mayoritariamente, la gente posee una alta valoración de su persona; es algo que mantienen o acrecentan desde que nacen, lo que facilita la relación de afecto para con los demás, pero, también los hace propensos al orgullo, a la vanidad y demás. ¿Y qué pasa con la minoría del vulgo? Esa minoría que pocas veces es percibida, que pocas veces es aconsejada, que pocas veces se alguien hace el esfuerzo de conocer. Esos pocos que no encajan en los muchos, esa minoría que no es capáz de arrastrarse sediento de descanso frente a cualquiera. ¿Qué le dices a alguien que no se sobrevalora?, ¿que no es propensa al orgullo ni a la vanidad?, ¿qué le dices a alguien que, simplemente, no se quiere? Nadie se da cuenta. Hay gritos desesperados implorando ayuda, implorando un suspiro, suspiro que no puede salir, porque no quiere ser escuchado. El suspiro le teme a la interrogante ajena, al qué dirán, y a la carga que ejerce sobre los oídos en los que resuena. Por eso el suspiro se queda en los pulmones, esperando salir. Día tras día, los suspiros se acumulan, y no paran de proliferar; necesitan salir, como la mariposa dentro de su capullo. ¿Es que acaso, esa pequeña mariposa, no sabe que puede morir si no se decide a salir? Pero la testarudéz es mayor, ¿verdad? Esa minoría piensa que no merece ayuda ni la preocupación ajena; por eso sonríe. Aunque los músculos faciales estén tensos, muertos, en post morti, son forzados para esbozar una sonrisa con el motivo equivocado y se vuelven inapreciables, opacas. El esfuerzo es en vano. La gente muta en motas grises que intentan eliminar los suspiros que no pueden salir. Son motas grises aferradas a la idea de rechazar cualquier ayuda y tienen la certesa de que no la merecen; que solucionan sus problemas con su pellejo al descubierto para aprender a recibir los golpes, que, extraña y estúpidamente, nunca son suficientes. ¿Por qué son tan desdichados?, ¿por qué no hay alguien que intenta ayudarlos, a pesar de todo? Pueden aparentar lo que quieran y negarlo mil veces, pero toda esa minoría espera vehementemente ser ayudada. Espera con todo ahínco una pequeña muestra de cariño que las saque de su patética soledad autoimpuesta. Pobre, pobre, pobre... ¿Hasta qué punto puede llegar el patetismo? Nadie puede querer a alguien (con todo el sentido de la palabra) si ese alguien no se quiere a sí mismo. Autocompadecerse no sirve. Llorar sobre la leche derramada tampoco, pensar en tu inutilidad, mucho menos. Las personas quieren porque han visto lo que uno no puede ver con sus propios ojos sobre sí mismo, y comprenderlo requiere más de lo que se estima; no tiene sentido ser la víctima del mundo o lo más desdichado de la humanidad, siempre se vale más de lo que se piensa. Todos tienen derecho a vivir su vida, y es genial que la minoría esté al ciento diez por ciento empeñada en apoyar a los demás. Pero nunca hay que olvidar que todos tienen ese mismo derecho: los que creen merecerlo y los que no. Si alguien pertenece a esa minoría, a esa inmersión en la soledad e incomprensión misma, le recuerdo, que uno nunca está completamente solo. Hay cosas que no se entienden si no se dicen, y hay problemas que no se solucionan con la fuerza de una sola persona. No hay que ser como los demás, tampoco hay que ser aceptado por los demás. Hay que conocer, hay que compartir, hay que pelear y llorar, y en este esto, agregar a tu vida la persona que te faltaba para solucionar aquél problema, y tal vez esta misma sea la que logre devolver los colores al horizonte en sepia que tenías a la vista. Yo también quiero ayudar, falta que alguien quiera una mano. ![]() Etiquetas: reflexiones
sábado 4 de julio de 2009"Él"![]() Él no podía ver, tampoco oír, tampoco respirar. Él no podía ver; el crepúsculo era lo mismo que el medio día, la noche igual a un día martes a las cinco de la tarde, el azul del cielo igual a una roca, y las figuras de su alrededor no eran diferentes de su propia sombra. Él no podía oír; la risa de una bicicleta oxidada era idéntica al susurro de una baja brisa, el tímido canto de un gorrión explotaba igual que el motor de un auto viejo que intenta arrancar, y el caminar de un perro era igual al vuelo del avión que pasaba una vez cada 2 semanas y media. Él no podía respirar; el aire le sabía en extremo inodoro, el dulce aroma de un ciruelo irritaba tanto como el ácido de una menta, la arena emitía olor de la misma forma que las ruedas de goma de un automóvil, y el aroma de las frituras y comidas chatarra que vendían en la esquina de "Valle Clara" los fines de semana le arañaban de igual forma que lo hacían las pequeñas gotas de rocío que aparecían por las mañanas algo más cálidas. Él no podía ver, tampoco oír, tampoco respirar. Él pudo sentir el ser insensible, y le agobiaba, y no podía hacer nada, no debía hacer nada; no podía irse, tampoco desaparecer, porque él debía estar ahí, él quería permanecer ahí, y se quedaba. Un día, aparecieron agujeros frente a su ceguera, se trizó su sordera y se rasgó su asfixia. La lluvia empezó a caer delicadamente, limpiando la mugrienta atmósfera que lo rodeaba, aprovechando de arañar su corteza y arrancar esas impurezas por tanto tiempo alojadas ahí; quebrando su dolorosa insensibilidad. Ahora sólo veía el nublado cielo condensándose en lluvia, oía las vehementes gotas romperse al tropesar con el suelo, y sentía la extraña humedad que había en el aire. El dulce tronar de un pequeño pajarito que se hospedó entre sus brazos para no mojarse le avisaba que había terminado la lluvia. Era sábado por la mañana, y el clima era agradable. Los niños salían a pasear con sus mascotas y amigos, y siempre pasaban donde él a hacerle compañía. Él era agradecido, limpiaba su respiración y compartía su sombra, los necesitaba a ellos y ellos a él, porque él los cuidaba; eso es lo que hace un árbol. Y le encanta. A pesar de la dolorosa, escalofriante, dura, amargante y despellejante insensibilidad; a pesar de todo... A él, estando contigo, le encanta. Etiquetas: reflexiones
martes 26 de mayo de 2009It´s my name!![]() Pensé que había escuchado mal. Busqué la mirada de quien se me crusara primero: -Ella dijo...- -Karla - completó Danyhia. De forma inexplicable, ¡ahora mi profe sabe mi nombre!, ¡ella lo sabe! O, en realidad, ellas lo saben. La de lenguaje y Biología II. Yaa~y! Etiquetas: MiniBio
miércoles 18 de febrero de 2009Grandma's Birthday![]() No le temo al tiempo cuando miro tu experiencia escrita en tu silueta. Porque cada arruga de tu faz es la huella de una vieja sonrisa, cada cana una historia embellecida y porque cuando con tus tivias manos tomas las mías ya no soy una adolescente, sino que, una niña nuevamente. ¡Feliz cumpleaños abuela! Etiquetas: birthday
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